CRÓNICAS CINECICLÉTICAS V

“TRAVESÍA INACABADA” (Sáhara)

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¡Hola de nuevo!

Desde la última crónica han sucedido tantas cosas, hemos conocido tanta gente, hemos hecho tantas proyecciones, disfrutado tantos paisajes distintos, tantas curvas y rectas que cuesta un poco tener claro por donde empezar, a quién agradecer sin olvidar a nadie, qué anécdota subrayar por encima de otra. Tanto es así, que durante los últimos días he fracasado en mi intento por escribir esta crónica. No quiero dejarme nada sin contar y sí intentar transmitir lo vivido, sentido y olido a lo largo de este último mes y medio; sé que es imposible a no ser que tuviera varias vidas (soy tan lento escribiendo como lo soy trasladando el tractor-bicicleta) , o que ahogara mi pereza en arena, pero aún así intentaré hacer un resumen lo más justo posible. Pido excusas por adelantado por las ausencias involuntarias.

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La esperada y “mítica” travesía del desierto comenzó en Agadir, después de pasar unos días residiendo y proyectando en un orfanato gestionado por la ONG “SOS Village d’enfants”; fue entonces cuando se unió a la caravana cineciclética la sin par Adine. Esta encantadora persona que conocimos en Marrakech, trabaja en el Institute Française como coordinadora cultural y después de un par de encuentros con ella enseguida conectamos bien, hasta tal punto que muy pronto nos preguntó si nos importaría que nos acompañase unos días con su bici aprovechando sus vacaciones navideñas. Ni nos miramos para decirle que sí y acertamos de pleno, nuestra intuición no nos falló y pasamos 5 días deliciosos en su compañía hasta Sidi Ifni. El asunto no podía empezar mejor. Pasamos el fin de año con ella, y aunque parezca mentira su compañía nos ayudó a sobrellevar las fechas claves navideñas lejos de amigas/os y familia; nada más tomar el bus de regreso desde Sidi Ifni a Marrakech ya la echábamos de menos y alguna lágrima rodó en la despedida.

Ya desde Tánger se interesaron por nuestro proyecto y forma de viajar algunas asociaciones ciclistas marroquíes, especialmente la Federación Ciclista del Sáhara. Este interés deportivo nos vino muy bien en los distintos puntos de la ruta sahariana para conseguir siempre de forma gratuita un lugar para descansar y el correspondiente avituallamiento; a cambio siempre ofrecíamos nuestra disposición a proyectar gratis y así fue como hicimos proyecciones en varios colegios públicos en Sidi Ifni (gracias a la mediación de Mulai Youssef), y en Guelmin (gracias a Omar y a Ben Mousa). Fue realmente Mohamed (presidente, entre otras asociaciones de la Federación Ciclista saharaui) quien, moviendo los hilos desde El-Aaiún, a muchos kilómetros al Sur, consiguió que nuestro camino fuese más cómodo. Sin conocernos personalmente se volcó con nosotros y cada vez que llegábamos a una población importante, contactaba con alguien y mediaba para que nos tratasen bien: “El Sáhara es como vuestra casa” repetía una y otra vez en nuestros contactos telefónicos. Me moría de ganas por ponerle cara a este personaje, pero no sería posible hasta llegar a la capital del Sáhara Occidental.

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A partir de Guelmin toda nuestra atención estaba en la carretera, sobre todo en las previsiones del viento, protagonista número uno de este periodo. Nos concentramos por entero en las bicis, en el buen estado de las piernas y de la fortaleza anímica. Al principio el viento sencillamente no estaba tan presente. Durante la jornada, cuando no nos echaba un cable por la mañana soplando de cola, cambiaba caprichosamente a la tarde bufándonos en los morros, pero nunca como para fustigar a Eolo con improperios o adorarlo como lo que era, un dios de la naturaleza al fin y al cabo.

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Llegó un día (fueron 3 seguidos) en que decidió empujarnos con decisión, y claro, aprovechamos; hubo jornadas que terminamos con 150 km en el contador y creímos que las historias que se contaban sobre la dificultad de atravesar esta tremenda franja desértica eran exageradas. Estábamos de subidón ¡¡Error!! El poco sutil dios del viento nos escuchó y decidió pasar un buen rato a nuestra costa. Restaban tan sólo 250 km para llegar a la frontera con Mauritania y todo se precipitó. Particularmente me gustaría proseguir cantando las alabanzas de nuestro triunfo sobre los elementos, de nuestra capacidad de lucha y sacrificio para superar tan enormísimo escollo, pero nada de eso, no pudo ser; simplemente un día el viento se giró y nos tocó sucumbir; las rachas eran terribles y cada kilómetro era un verdadero calvario.

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Con el doble de esfuerzo, sólo avanzábamos 30 km por día, a esto había que añadir que con esa fuerza el viento no nos dejaba acampar en cualquier lado y debíamos buscar refugio en los pocos parapetos que el desierto nos ofrecía: los muros que protegían las antenas de telefonía se convirtieron en una visión reveladora en medio de ese erial, cuando encontrábamos una antena aprovechábamos para comer algo o poner la tienda sin miedo a que volásemos con ella.

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Todo nos invitaba a esperar un momento más propicio para atacar el último tramo del Sáhara Occidental, pero esta vez era el ser humano y sus restricciones quien nos ponía límites; la visa expiraba y no podíamos esperar a que Eolo cambiara el juego o decidiera hacerlo con otras. Apuramos un día más esperando en una playa a que amainara o cambiara el rumbo del viento, pero nada de eso ocurrió, además de la mala noche pasada durmiendo en un antiguo torreón de vigilancia sin poder estirar las piernas y muy visitados por los bichos,  hizo que tomáramos la decisión que no queríamos: hacer auto-stop; sin olvidarnos de las prisas con el asunto de la visa. En uno de los controles de la ruta, los gendarmes vieron aquí la ocasión pintiparada para sacarse del medio a los dos españoles molestos que venían dando problemas con su maldito cine (que confundían con equipo de filmación) desde hacía tantos kilómetros al norte. Pararon el primer coche que pasaba y obligaron a sus dos ocupantes a llevarnos hasta la frontera; como eran saharauis se lo impusieron con una orden. Su trato vejatorio también incluía que el viaje debía ser gratis (ya nos ocupamos cuando llegamos a Nouadibou de que esto no fuera así). Subimos las bicis y los trastos al viejo Mercedes y disfrutamos de la mejor compañía posible; Zidan y Chekh nos invitaron a una barbacoa en medio de la nada, bajo unos arbustos. Reímos burlándonos de los gendarmes, gritamos ¡Sáhara Libre! Y tanta camaradería nos llevó a casa de un amigo de Chekh (gracias Daha) a pasar nuestra primera noche en Mauritania.

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Gran parte de este territorio está ocupado desde hace 40 años por Marruecos y últimamente las cosas están más moviditas, la presencia militar es constante, los controles incesantes, y siempre las mismas malas caras y mismas preguntas y acoso: ¿profesión? ¿nacionalidad? etc. Era tanto el control, que en El-Aaiún, incluso respaldados por nuestro amigo Mohamed, invitados al mejor hotel de la ciudad, estuvimos 4 días intentando obtener los permisos para hacer una proyección y finalmente no lo conseguimos; fue el único lugar donde nos hospedaron y no proyectamos. Aún así ¡Gracias Mohamed por intentarlo!.

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Siendo españoles y al ir por libre el seguimiento era constante, a veces hasta ridículo, como el día que un militar decidió seguirnos toda una tarde con su coche. Este estúpido personaje, ya estuviera delante o detrás nuestra, era tan fácilmente localizable a simple vista en un espacio tan diáfano que pensábamos que estábamos en una historieta de Mortadelo y Filemón. La indignación pasó a descojone en su cara. Tan surrealista fue el asunto que al final de la jornada y con el único propósito de tenernos controlados (siempre por nuestra seguridad, ja ja ja), obligó al dueño de un hostal de carretera (de nuevo saharaui) a que nos invitara a pasar la noche. Era obligatorio, tanto para él como para nosotras.

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Continuará…

K

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2 comments

  1. Hola chicos, que bien saber de vosotros y de vuestra aventura cineciclética, esperamos que todo vaya bien ,aunque a veces ya sabéis que el camino va poniendo piedrecitas, pero para eso ya están vuestras fuerzas para seguir hacia adelante.
    Desde Extremadura os mandamos muchos ánimos y mucha fuerza para continuar con la aventura.
    os seguimos por estos lares, un besazo y hacia adelante chicos que ya va quedando menos.

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  2. Hola Isa y Marcelo.

    Veo que aunque con sufrimiento lo estáis pasando bien, y cumpliendo vuestros objetivos.

    Muy interesante vuestro relato sobre el El-Aaiún que me recuerda las viejas fotos de casa, cuando mi padre fue a visitar a mi tío, que sirvió allí como capitán del ejercito español.

    Me pregunto si aun se conserva algo bueno de nuestra presencia, o si se habla algo de español por aquellas tierras.

    Veo que mis juguetes electrónicos, siguen funcionando bien y me alegra que una parte de mi en forma de los arreglos y las modificaciones del equipo de proyección este recorriendo África.

    Un abrazo fuerte desde España.

    Juan

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