ANEXOS: Crónica Cineciclética VI (K)

Nouakchott: Ciudad de arena y coches de choque.

Mauritania es sin duda un país único donde los haya. A caballo entre dos mundos, entre dos áfricas, a medio camino entre el Magreb y el África negra, con un paisaje desértico -para lo bueno y para lo malo- en la casi totalidad de su territorio, con un paso muy reciente de la vida nómada y libre de las Jaimas al asentamiento urbano, con una flagrante diferencia social, jerárquica, laboral y de derechos entre sus etnias pobladoras y aún con una habitual permanencia de prácticas que no podemos imaginar en nuestra bisoña forma de pensar occidental, como la explotación infantil doméstica, el esclavismo, el racismo sin ambages, el engorde de mujeres etc. Sin embargo no deja de fascinarnos precisamente por la belleza única de su paisaje, por la diversidad de etnias que lo habitan, por el respeto a los visitantes, por la paciencia sin límites de las corruptelas de sus gobernantes… Por esto y por mucho más, su capital Nouakchott no te deja indiferente; como la mayoría de las ciudades del país, las calles principales, carreteras y muchas edificaciones están levantadas con conchas marinas (alternativa barata al cemento y con reservas de sobra por todo el desierto circundante); y las que no son las principales, son todas de arena.

Nuakchott es curiosa, está construida en el desierto pero como está cerca del mar tiene una gran parte de su superficie inundable y de vez en cuando media ciudad se anega. (?)

La vida animal campa a la par con la humana por sus calles, los dromedarios aparcan junto a los mercedes destartalados, las cabras son parte imprescindible del paisaje pues ayudan a reciclar los restos orgánicos de la ciudad a falta de un servicio de recogida de basuras un poco serio, y luego, capítulo aparte están los asnos; estos apacibles y preciosérrimos vegetarianos son, junto con los negros los que cargan con el trabajo físico de la ciudad y del país entero. Públicamente no hay pudor para arrearles sin compasión ninguna hostias como panes (a mi ingenuo modo de ver, debe ser) para “direccionarles”. Los  transportadores  en general y aguadores que reparten esta riqueza líquida por a la ciudad desde las escasas fuentes públicas realizan su actividad gracias a la fuerza sobrenatural de estos sufrientes seres vivos. Al tener delante estas escenas podemos imaginar como se construyó el mundo en el que ahora vivimos cuando la fuerza mecánica-industrial no se imponía.

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Lo que en nuestros motorizados estados sería un escandalo social aquí se vive con naturalidad asombrosa; también los niños son “direccionados” por sus mayores cuando molestan demasiado, incluso en la escuela, ”es lo normal”, pero comienzan las dudas de planteamiento (nunca nada es tan fácil de interpretar a primera vista y menos si eres una extraña) cuando los/as propios/as niños/as jugando también se “direccionan” a pedradas entre ellos/as y entre risas (momento en el que te das cuenta en que no tienen juguetes, como mucho un neumático abandonado, unos alambres y unas latas para hacer un buggie, o simplemente unas cuantas piedras), por supuesto los/as niños/as mayores “direccionan” a los pequeños e incluso, estos/as pequeños/as son capaces, pasados los primeros segundos de prudencia, de “redireccionar” a pedradas a los “toubab” que atraviesan su barrio en bici.

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Nouakchott es una ciudad donde se circula con relativa lentitud en coche, y en falsa apariencia, con relativo respeto, pero no es así. A diario somos testigos de pequeñas colisiones sin apenas importancia y también sin apenas discusiones, prevalece la calma, pero como para sus habitantes, eso del mantenimiento no se estila demasiado (en ningún aspecto) los coches están desvencijados de tanto roce y golpe sin reparar. Da la sensación de estar en una gigantesca feria, en la atracción que más nos gustaba a todas, los coches de choque. Cada una quiere pasar por donde le apetece, sin reglas y, claro, gana el más fuerte, el que tiene un todoterreno con buenas defensas, y la que no, pues eso, tiene el coche hecho un cisco. La conclusión es bien sencilla, en la vida mauritana (y por extensión parece que de aquí hacia el sur la cosa no va a cambiar demasiado) se aplica la ley del más fuerte y nadie podrá discutir que aquí los más débiles son (y no estoy capacitado para ordenar esta lista), asnos (en representación de los animales no humanos) niños, mujeres y mayorías étnicas (aquí se les dice negros/as).

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Ahora que nos despedimos de Mauritania somos conscientes de que echaremos de menos muchas cosas:

-El belle canto del muecín a las 5:00 am, algunos de estos hombres son verdaderos intérpretes con una vocación muy folklórica. Prefiero que me despierte este canto sentido que un concierto de Rap.

– La ceremonia diaria de los tres tés.

-El color de las dunas.

-El no atosigamiento de sus gentes.

-Comer pan o arroz con algo de arena.

-Los dromedarios que se cruzan por la carretera.

-La hospitalidad de sus gentes.

-Sacarnos arena de los oídos.

-El poquísimo trafico de sus carreteras.

-A Indira, Nila, Salma, Ana y Mousa

– Y por supuesto, los agradecimientos de los niños después de cada proyección

 

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