CRÓNICAS CINECICLÉTICAS IX

.:: GUINEA BISSAU; EL PAÍS CLOROFÍLICO ::.

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Todas las personas que me han dado la impresión de haber integrado y aceptado los conceptos básicos de la vida, han coincidido en que dejar de tener expectativas a corto o largo plazo es siempre motivo de mantener un equilibrio preciso para no llevarte decepciones en el devenir vital. Este concepto tan fácil de citar, pero al tiempo, tan difícil de llevar a la práctica (sobre todo en mentes programadas para todo lo contrario como las nuestras) es el que intentamos aplicar en nuestro viaje; a veces no resulta, pues son demasiados años de práctica contraria, pero a veces sí y eso es lo que ocurrió con nuestro recorrido de un mes por Guinea Bissau. No esperábamos casi nada, pues casi nada sabíamos de él y nos encontramos con su realidad tal y como nos tocó vivirla en ese corto periodo de tiempo que nos permitía la visa de turista que previamente gestionamos en Ziguinchor (Senegal).

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Entramos por la puerta trasera, desde Kolda, por una buena pista, roja toda ella. Al llegar a la frontera, un divertido intento de sacarnos algo de dinero por parte del funcionario de turno (aburridísimo estaba él en su puesto fronterizo de lata) fue driblado por la sagacidad de Isa de un plumazo, fingiendo que hablaba por teléfono con el subprefecto. Más adelante la pista retorcía su firme tanto que hasta nos costaba mantener el equilibrio sobre las jacas cuando tratábamos de no caer en surcos, que más que eso parecían fallas continentales. Por suerte fueron pocos kilómetros, la cinta de tierra se domesticó un poco y, sorteando charcos como lagos y rayos de sol como estiletes, gozamos del paisaje selvático y su soledad; apenas nos cruzamos con alguna moto (nunca coches) y después de una jornada dura pero disfrutona llegamos a Farim donde ya nos esperaban para darnos un techo.

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De golpe nos damos cuenta que el francés de andar por casa que manejamos no nos sirve en Farim, en Guinea Bissau se habla el criollo, sus habitantes confiesan, con la amplia sonrisa con la que nos iremos encontrando casi siempre, que es un portugués mal hablado, pero nosotras no conseguimos comprender nada, vuelta a empezar, debemos aprender lo básico: saludos, despedidas, agradecimientos, la pregunta para los mercados, ¿Cuánto cuesta? etc… Por estos lares no están habituadas a ver “brancos”, con lo que no es necesario regatear en los mercados, siempre nos dan el precio local. Nos cuesta encontrar verduras y luchamos por cada zanahoria, por cada cebolla como si fuera la última; los huertos son escasos y no hay costumbre de comerlas con lo que se venden a precio de oro. La temporada de mangos va tocando a su fin pero aún nos chuperreteamos los dedos cada mañana, cada tarde con ese delicioso manjar; aunque el país es uno de los principales exportadores de anacardos, también estamos de malas, se va acabando la temporada y apenas conseguimos ver gente que los venda, son más bien para consumo propio o para exportación. Dedicamos pues muchos esfuerzos a conseguir vitaminas y productos frescos. Increíblemente pese a que es un país fértil, no hay una buena cultura de nutrición y ésta acaba por ser uno de los grandes problemas de la población. Con una o dos comidas al día a base de arroz y pasta de cacahuete o el anaranjado aceite de palma, esta gente, tanto en el campo como en la capital, se siente ahíta. Nosotras nos resistimos, para mantener la salud con tanto esfuerzo físico, además del arroz necesitamos más, pero paradita a paradita, por las aldeas vamos encontrando huevos, pan, pasta, arroz, mangos, zanahorias, cacahuetes, pimientos y alguna que otra piña y nos mantenemos mejor que bien.

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Con la inercia de traslación pál SUR, esta vez un tanto a ciegas nos plantamos en Bissau, la capital, con la idea de descanso, alguna birra fresca ¡¡oh si!!. Allí nos espera la pequeña comunidad española que bien avenida nos recibe con la representación de Antonio un día de calor sofocante en uno de los cientos de bares que salpican la ciudad; la mayoría, ante la escasez de material de construcción y la cercanía del puerto, son contenedores (en criollo: contentores) marítimos de carga con lo que la ciudad , arquitectónicamente hablando, no tiene desperdicio.

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Nos instalamos en casa de Pedro, un joven extremeño (de nuevo Don Benito se cruza en nuestro camino), medio guineano ya que se las sabe todas y enseguida nos ofrece una habitación en su casa, desde donde veremos, durante 7 días seguidos, a través de sus ventanas, las decenas de formas distintas de lluvia, que embarraba las calles de Bissau y demolía nuestros ánimos pues nos aseguraban que eso continuaría así los siguientes 3 meses, o 4. Había compensaciones ante la lluvia; y es que la vida nocturna de Bissau, sin ser Madrid la nuite, proponía “juja” todas las noches. A mi, nada más llegar, una salmonelosis me dejó fuera de combate y de las tentaciones nocturnas varios días. Siempre digo que hay que empatizar y mimetizarse con “lo local”, ¿será por eso que abro las puertas a todas las bacterias, virus y demás protozoos y amebas a mi persona? El caso es que siempre que viajo a tierras extrañas acabo enfermo debido a la hospitalidad de mi organismo. ¡qué se le va a hacer, soy así! …y seguro que no será la última.

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En Bissau capital y gracias a la asociación AIDA ayuda, Intercambio y Desarrollo, hicimos un montón de proyecciones; Víctor Madrigal, delegado de la organización, pese a su ocupadísima agenda nos ayudó a confeccionar otra llena de proyecciones (la mayor parte de los días hacíamos doblete) en la sección de pediatría de varios hospitales, en orfanatos, en barrios populares a la luz de las estrellas, etc…, en fin desde aquí nuestro más sincero agradecimiento Víctor, al tiempo que nuestra admiración por su dedicación, (a tí y a tu equipo) a mitigar el sufrimiento y a mejorar la salud de tantas personas y niñas/os que sin vuestra ayuda no tendrían ninguna opción. Fue un verdadero placer poder colaborar aunque fuese un poquito con nuestro cine ambulante.

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Días antes de llegar a la capital, hicimos un alto en la pequeña aldea de Djalicounda, en un centro de transformación de alimentos (KAFO; fabricando zumos principalmente), situado a 1 km de la aldea y donde estaba implicada una gran parte de la comunidad. Aquí trabajaban Pedro y Julie, una joven francesa que más adelante se uniría a la caravana cineciclética. Allí, a parte de descansar unos días del intenso calor organizamos alguna proyección. En la primera de ellas nos encontramos con la sorpresa de que sólo niños y adolescentes varones acudían a la sesión de cine; torciendo el morro pregunté sutilmente donde estaban las chicas y las respuestas fueron de lo más chocante; “que si había serpientes en el bosque, que si espíritus, que si no eran horas para las niñas…” La etnia predominante en esta zona es la mandinga y nos contaron su tendencia indiscutible hacia un machismo descarado; los varones sólo trabajan en trabajos que les reportarán beneficios inmediatos, como el comercio en una boutique o cosas de ese estilo, con lo que son las mujeres las que hacen el trabajo físico en el campo, en la casa, con la descendencia, con lo que haga falta. Comprendí que las mujeres debían descansar bien por las noches mientras los niños, por supuestos quedan exentos de cualquier actividad física que no sea jugar al fútbol, las niñas sólo trabajan, apenas les queda tiempo para jugar. Cierto es que probablemente los niños varones no tienen la culpa de esta situación y sean sus mayores, con la infalible excusa de “las tradiciones” los que quieran prolongar esta situación por los siglos de los siglos; como no, es algo que favorece sus intereses, ¿para qué modificarlo?. Pero claro, a mi, que nunca se me dio bien la diplomacia, no estaba por la labor y en contra de lo que se me aconsejaba en el momento de iniciar la proyección quería suspender hasta que no vinieran las niñas. Dijeron que eso no podía ser, y tanto los organizadores como Isa me sugirieron sutilmente que al día siguiente podíamos hacer, ya en la aldea, para que no tuvieran que trasladarse las niñas, una proyección sólo para ellas y las mujeres; accedí a regañadientes. Las circunstancias hicieron que se diera , unos días después, una situación parecida en una localidad cercana a Bissau llamada Nhacra; cuando nos disponíamos a proyectar para una escuela de fútbol de adolescentes de la aldea, como vimos que las cosas andaban por los mismos derroteros que en Djalicounda, antes de que fuese inevitable y con tiempo suficiente como para resolverlo, entre Isa y yo decidimos que no habría proyección si entre el público no había un 50% de féminas. Menos mal que esta gente tiene un carácter maravilloso y se lo tomaron muy bien; fue entonces cuando los muchachos se pusieron manos a la obra y raudos fueron casa por casa avisando a sus hermanas y primas y, entre risas, trayéndolas casi a rastras se completó un aforo genéricamente repartido, eso si muy apretados. La proyección fue todo un éxito aunque sólo conseguimos que una chica pedalease. Poco a poco.

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Seguía lloviendo sin parar y las previsiones vaticinaban más y más, había que tomar decisiones; entre quedarnos en Bissau 2 meses esperando a que escampara, tomar un avión a Kenya y librarnos de la temporada de lluvias de un plumazo o atravesar Guinea Conakry (hacia el sureste la frontera con Costa de Marfil seguía cerrada por el Ébola) donde nos esperaban 1000 km de las peores carreteras (pistas) de África, que además estarían embarradas, lluvias tropicales, poca comida y las temidas montañas del Fouta Djalon. Después de meditarlo poco nos decidimos por la última opción, ¿no habíamos venido aquí, entre otras razones, a por un poco de aventura?, pues ¡Ala, a por todas! (Continuará en la próxima crónica).

Salimos de Bissau, como no, un día de lluvia, pero premiando nuestra audacia, el cielo se contuvo durante la mayoría de las jornadas hasta que llegamos a la frontera con G. Conakry; llovía todas las noches pero por el día se aguantaba, además el cielo encapotado nos protegía del sol tropical.

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Por el camino el verde, siempre el verde, refulgía por doquier, todo el paisaje era verde, pero no era ese verde que acostumbramos a ver por el norte de la Península, no, éste era más poderoso, más intenso y brillante. La clorofila se desbordaba (los camaleones se mimetizan en verde, las mantis también) y teñía todo lo demás en un filtro tan luminoso que era difícil de creer. Por supuesto en las fotos esto no se puede apreciar pero cuando salía el sol, eso era ya el “acabose clorofílico”.

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A tan sólo tres días de llegar a la frontera, en Bafatá se unió a la comitiva Julie, que vino en transporte público desde Farim con la bici en la baca. Esta coqueta población nos sorprendió, no sólo por tener wifi abierto en la plaza del pueblo, además porque fue un antiguo emplazamiento colonial portugués y todavía quedan en pie los antiguos edificios e instalaciones deportivas que, aunque ajados y desteñidos, le dan un toque romántico. En Bafatá colaboramos haciendo proyecciones con asociaciones locales (DJUMBAI y APRODEL) y con otras internacionales como médicos sin fronteras.

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Y por entonces ya veíamos a muchas más chicas en bici…

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Las tres salimos de Bafatá contentas sabiendo que nos esperaban pistas planas y en buen estado. De las lluvias… bah! De eso ya se encargaría nuestra buena suerte.

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5 comments

  1. He visto esta mañana la crónica antes de irme a trabajar, pero tenía prisa y, aunque me moría de ganas, no quería leerla deprisa y corriendo. Me gusta detenerme en cada frase, imaginar el momento, saborear cada foto ( que caritas maravillosas de asombro!!!), y pensar en ese continente asombroso que es África, y donde vosotros estáis viviendo una experiencia que probablemente cambiara vuestras vidas, estoy segura que habrá un antes y un después.
    Enhorabuena por ser tan valientes, por salir de esta zona de “confort”, en la que muchos nos encontramos pero que a veces es mortalmente aburrida.
    Espero impaciente vuestras crónicas para imaginar, aunque solo sea eso, vuestras vivencias, vuestros encuentros con lo inesperado, así que por favor no nos olvidéis!!
    Os deseo toda la suerte del mundo!!

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    1. Uffff! Qué emocionante! Qué cosas nos dices! Desde luego comentarios como éste nos sube la moral en momentos de bajón, que también los hay. Muchas gracias por tus palabras tan emocionantes Aurora. Saber que alguien nos sigue con tanto entusiasmo nos motiva aún más. MUCHAS GRACIAS

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  2. Hola Isa y K! Como siempre, sus posts son llenos de motivación y vida. Dese Perú, les seguimos las “pedaleadas Africanas” con toda la familia. Abrazos: Laia, Chloé, Sandra y Enrique.

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