CRÓNICAS CINECICLÉTICAS XII

.:: BURKINA FASSO (En el país de las bicicletas) ::.

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Hace casi dos años, en compañía de nuestra querida amiga y colaboradora Cristina Espiga, acudimos invitadas al FESPACO (Festival Panafricano de cine que se celebra cada dos años en Ouagadougou) en busca de películas y sobre todo contactos que nos pudieran servir de ayuda, en la por entonces delirante realización de nuestro sueño-proyecto. Fuimos sin bicis, solo con el cine bajo el brazo. Aquella semana fue productiva; una vez explicado el proyecto una y otra vez, conseguimos algunos filmes directamente de manos de sus autores, y también algunos contactos que nos serían muy útiles a posteriori sobre el terreno. Incluso conseguimos proyectar varias veces en el programa del festival.

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Cada experiencia de viaje, te marca una huella particular y definitiva. Nosotras nos quedamos con una idea de Burkina Fasso que representaba a su capital. En ese lugar y ese tiempo se vivía precisamente un momento de efervescencia cultural internacional provocada por el Festival, con un bullicio nervioso que afectaba a todo. Nosotras lo vivimos con la intensidad que tocaba, e imbuidas en aquel fragor glamuroso, regresamos y guardamos en nuestras memorias un recuerdo del país muy concreto. Pero claro, dos años después las circunstancias cambiaron, y ahora tocaba atravesarse el país en bicicleta con un cine a cuestas. ¡Ay Madre, vaya diferencia!. No es lo mismo caminar un rato por las sombreadas calles, de la sala de cine al bar, “recuperarse” en el albergue con una siesta, para más tarde regresar de vuelta a la fresquita sala de cine. No, definitivamente no es lo mismo que enfrentarse pedaleando durante todo el día al insistente sol, al más que terco harmattan, al polvo en suspensión, al ambiente seco y a las pistas arenosas.

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Las primeras sensaciones que tenemos de los/as burkinabés se irán consolidando a lo largo del más de mes y medio que hemos estado en este bellísimo país. Siempre con una sonrisa sincera y embaucadora, siempre amables y hospitalarios/as empezamos a notar esa cadencia cansina de la petición de un regalo o de dinero. Cuentan algunas crónicas que esta inocente e instaurada costumbre de pedir de forma automática en cuanto un/a blanco/a aparece por el polvoriento horizonte, viene precisamente de la numerosa presencia de ONGs y asociaciones que vienen operando desde hace décadas a lo largo y ancho del país. El argumento no nos convence, también ocurre en otros países y el mantra “donne moi un cadeau” no es tan martilleante. Decidimos abstraernos lo más posible y repartiendo besos al aire salimos divertidas de esas situaciones sin dejar de preguntarnos ¿cómo es posible que en las zonas rurales, el 90% de niños y niñas a lo largo de 1000 km, que apenas saben decir buenos días en francés, repiqueteen a la perfección esta otra frase?

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“INVIERNO”

Ya en ruta el calor es apabullante, cierto que estamos al sur del Sahel, pero como siempre las expectativas nos jugaron una mala pasada; todo el mundo nos había asegurado que la mejor época del año para visitar Burkina era precisamente Diciembre, en “invierno”. Aunque seamos mediterráneos, para nosotras la idea del invierno viene asociada al frío, a veces más, a veces menos, pero durante unos meses nos abrigamos de lo lindo. Y es aquí, cuando una de esas diferencias culturales una vez más nos pilla de sorpresa (¡menos mal que aún sigue pasando que nos seguimos sorprendiendo!). Y es que para un/a burkinabé los afixiantes y tremendamente secos 38 grados , que recibimos en la coronilla mientras pedaleamos, no son nada comparados con los 50, como poco, que tienen que soportar en el mes de Abril. Cuando paramos en en alguna tiendecita en busca de agua fresca para bajar la temperatura del cuerpo, hacemos el típico comentario sobre el tiempo para iniciar conversación y hablamos sobre el calor insoportable que hace; es entonces cuando esbozan una sonrisa burlesca que viene a decir algo como: “¿calor, ahora? ¡ay estas blanquitas, qué flojas!”. En seguida nos aclaran que estamos en invierno. Es verdad, desde hace días vemos que la gente se pertrecha de “las bajas temperaturas” con toda la ropa que pueden y que comentamos como un ser humano puede sobrevivir con el plumas y el gorro de lana a 40 grados. También es verdad que hace viento durante tres meses y que se protegen contra las corrientes… será eso. En algunas zonas refresca por la noche y agradecemos tener que desplegar el saco de dormir. Por contra, algunas familias muy pobres que aceptan que pongamos la tienda junto a su humilde cabaña, no tienen nada con que cubrirse durante la noche. Al amanecer, cuando al tocar las manitas heladas de los/as críos/as, escuchar sus toses roncas e intentar quitarles los mocarros petrificados, nos damos cuenta lo que quieren decir con que están en INVIERNO.

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CONVIVENCIA RELIGIOSA.

En lineas generales observamos que éste es un pueblo tranquilo, respetuoso, simpático y tolerante.

Esto último es imposible obviarlo; el Islam sigue siendo la religión predominante (60%), ésta convive en una armonía tranquilizadora con la cristiana (25%), las animistas (15%) y otras religiones. En cada pueblo nos encontramos mezquitas e iglesias compartiendo espacio público. Seguimos observando y aprendiendo pero lo que vemos es convivencia tranquila y respetuosa. Seguro que el tema es más complejo y que merece un análisis más profundo, pero nosotras seguimos prefiriendo sin lugar a duda, buscar cobijo y protección al final del día en las zonas de influencia islámica, nos generan más tranquilidad. La principal razón (seguro que no la única) está en el consumo de alcohol, que mientras unos/as lo rechazan por completo, los/as cristianos/as y demás lo abrazan como a su dios. Y no hay peor compañía que quien no sabe beber.

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La parte exótica la vivimos cuando llegamos a Ouagadougou donde conocimos a Dada. Yogui, monje budista (francés) y maravillosa persona. Con aura transparente, un talante optimista excepcional y gran capacidad de trabajo, este elegante personaje, vestido con túnica y turbante de un naranja esplendoroso, es capaz de pasear desenfadado su espigada y quijotesca figura por Burkina como si nadie le mirase. En Ouaga nos invita a pasar con él un par de días, hacemos Yoga en su centro y organizamos un par de noches de cine en Bissiri, una comunidad rural a 50 km de la capital donde tiene varios proyectos de desarrollo y donde tratan de llevar a la gente a una vida mejor, con más conciencia, luz y esperanza (así lo expresa él literalmente). Puede sonar a más de lo mismo, pero el cómo se hace, la forma es lo interesante. Lo que realmente nos dejaba ojipláticas esos días de convivencia en ese pueblito agrícola burkinabé, era que algunos/as niños/as nos saludaban juntando sus manos y diciendo “Namaskar”, que algunas mujeres hacían asanas (posturas de yoga) y cantaban mantras y que incluso nuestra familia anfitriona eran vegetarianos. Además este hombre entrañable nos descubrió el Wangash, que era el primer queso elaborado y rico que comíamos después de muchos meses. Más adelante, en Togo, nos hartaríamos. Sólo por eso ya merece un apartado especial en nuestros corazones . Jua jua jua, lo que hace el estómago ¿eh?

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IÑAKI.

De nuevo nos cruzamos en Ouagadougou con Manuel e Iñaki (Dibujando a pedal), dos argentinos que vienen pedaleando desde Amberes. Coincidimos en casa de Lucie y Davo (Social Clown) que nos dan generoso cobijo a las cuatro bajo su techo en Bobo-Dioulasso durante una semana. Parece que después de varios meses de convivencia juntos, estos primos (carnales) necesitan algo de aire y se plantean un breve separación hasta su reencuentro en Benin. Isa, generosa como siempre, ofrece a Iñaki venirse unos días con nosotras y acepta sin vacilar. Compartimos casi una semana de ruta y aventuras; sufrimos una pista terrible (sobre todo para el carro), acampamos junto al “mar de los hipopótamos”, reparamos varios pinchazos y reventones de cubiertas como un equipo perfecto, hizo de acomodador en las proyecciones más multitudinarias, liberándonos de tener que estar pendiente del flanco izquierdo y de los/as críos/os rezagados/as, y lo hizo de manera muy solvente, como si lo hubiera hecho toda la vida. También aprovechamos su buen ojo como fotógrafo para que, por fin, alguien pudiera fotografiarnos y filmarnos a Isa y a mí juntas. Gracias Iñaki, buen trabajo y un placer.

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Decir que gracias a gente como Mónica de la asociación CATSYA, que hizo de catalizadora y conectora con unas cuanta aldeas cercanas a Bobo, pudimos organizar unas sabrosonas proyecciones por la zona. Gracias también a Angels, una profesora local, que con su encantadora amabilidad y buen hacer, conseguimos una proyección muy especial en un aldea mínima llamada Sin.

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“FATIGA AFRICANA”

No sabíamos que ocurría pero ninguna de las dos funcionábamos bien, el cuerpo estaba raro. ¿Qué estaba ocurriendo? dolían las piernas y la cabeza. Hay un ganglio inguinal inflamado, no apetece hacer nada, sólo tumbarse y dormir… Nos hacemos la prueba de la malaria cruzando los dedos, al tiempo que sabemos con certeza que no es paludismo… da negativo. ¿qué coño nos pasa? ¿y no habremos pillado algo que nos han transmitido aquellas garrapatas que nos quitamos hace unos días? ¿no será que aún no estamos fuertes del todo después de las malarias? Es verdad que salimos de Bamako con mucho entusiasmo y se sucedieron casi diez días seguidos de pedalada y proyección, pedalada y proyección… ¿nos habremos pasado? El caso es que no conseguimos llegar a Ouaga sin parar a descansar antes en Koudougou, a sólo 100 km. Isa ya no podía más, las piernas habían dicho basta; habíamos estado pedaleando bajo un calor tremendo, siempre contra el jodido harmattan y contra el ambiente sequísimo que provocaba. El esfuerzo había sido demasiado y nos habíamos deshidratado sin darnos cuenta (Victor, osteópata de guardia en la distancia sentenciaba desde Madrid), y los preciosos cuadriceps de Isa colapsaron… yo no podía con mi sombra. El bulto inguinal se evaporó con antibióticos, y desde España, Aitziber (nuestra referencia sanitaria) me confirmó que había un parásito que hacía ese tipo de putaditas. Después, en Ouaga, Sonia (Terre des hommes) y su famila nos rescataron y caímos derrotadas en su casa-palacio, que tenía cocinero y todo. Estuvimos tirados descansando una semana. Pero, la “fatiga africana” (como la llamaba Dada) se resistía a dejarnos. Lo peor era la incertidumbre y la ignorancia, te da tiempo a pensar de todo y la hipocondría se apodera de ti. Cuando la salud se despista no hay ganas de nada, pero aún así no paramos el tren; aún al tran-tran seguimos adelante hasta que un buen día, a base de cariñitos y moringa, las fuerzas retornaron.

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HARMATTAN, ARENA Y POLVO

Burkina es un país plano, y ese dato tan importante nos iluminó la cara de felicidad. ¡¡¡Error!!!! Cuando viajas en bici es estúpido pensar que solo hay que tener en cuenta un sólo factor. Es verdad que es un dato muy importante para circular cómodas con todo este peso, pero no es el único. Nos las prometíamos felices. ¡Parece mentira tanta bisoñez con tantos kilómetros a cuestas! ¡Estúpidos, esto es África! Eso es lo que nos estampó en la cara nuestro periplo burkinabé.

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El asfalto aquí es rudo y la gravilla gasta un relieve tan evidente que mi amigo protagonista-favorito, el forúnculo que nunca desaparece, me lo recordaba constantemente. El trasero ardía. Pero no se te ocurra quejarte que la cosa se puede poner peor ¡cretino!

Tiro de un cacharro que pesa entre 85 y 90 kg dependiendo de agua y comida y sólo llevo una rueda motriz de 4. Si te toca una pista arenosa estás jodida. Y por largos días lo estuvimos. Miraba atrás constantemente para confirmar que había pinchado… pero no, simplemente la arena abrazaba impetuosamente las ruedas. Empujaba como una parturienta pero tenía la sensación de estar tirando de un trineo, era como si las ruedas se hubieran bloqueado. Pero no se te ocurra quejarte, las cosas se pueden poner peor ¡cretino!

¿Y este viento? ¿Por que me hace heridas en la nariz y ni siquiera puedo sacarme los mocos como costras que me provoca? ¿Por qué siempre para por la noche y siempre está jodiendo por el día, justo cuando toca pedalear? ¿por qué insiste en atacar siempre del mismo lado? Y siempre racheado… Nos pega a las 10, a las 11, nunca de culo, o sea, a las 6. Varía en su intensidad pero no en su dirección. Es capaz de debilitar al sol con el polvo que levanta. Nosotras sólo tenemos una opción; bajar la cabeza, apretar los dientes, y cuando estamos con ganas, hacernos relevos parapetándonos mutuamente cada kilómetro; así podemos descansar un poco mientras avanzamos a una velocidad ridícula. Esto no es una queja (¿o si lo es?), ni tampoco es divertido, al final asumimos que es lo que hay y seguimos. ¡Cretino!

BICICLETAS.

Los vehículos que más circulan por carreteras y pistas, por caminos y calles, por barrios y campos son las bicicletas. La mayoría son de fabricación local, simples y recias, sin cambios, sin abalorios. Puritito hierro. Algunas hasta son bonitas, otras llevan un machete cruzado en el chasis… yo me regodeo la vista y disfruto viéndolas surcar, disfruto con su sólo existir. Parece frívolo hacer lírica con el transporte pero… es que la bici, ¡¡¡es un animal tan bello!!!. No puedo evitarlo, lo de mirarlas sin rubor, digo.

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En Burkina, a excepción de los/as niños/as, creo, casi nadie las usa por el placer de rodar, ni por el deportivo, tampoco por ecología, ni siquiera por que sí; son para transportar y transportarse. Las mujeres cargan de un pueblo a otro a su progenie (uno, dos, a veces tres), también el agua, también los enormes sacos de arroz ¡te dije que no te quejaras cretino! Empiezan a llegar las funestas motos, la república popular china y el “progreso” están detrás. Pronto empezarán a desaparecer, como ya lo han hecho en la república popular china.

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ELEFANTES

Ese día, como no, soplaba de costado. La tierra de la pista me hubiera gustado que estuviese más apelmazada, la tarde caía a plomo. Sin darnos cuenta habíamos dejado atrás una zona salteada de robustos baobabs desangelados en el erial cansino y rojizo. Habíamos entrado en una zona más vegetada, con muchos más árboles y recios arbustos.

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Más tarde supimos que estábamos en un pequeño parque, pero aún, en ese momento, nuestra preocupación era aprovisionarnos de agua y llegar a una población que distaba a 30 km de allí. La monotonía rítmica del pedaleo no varía, pero en un determinado segundo sí lo hace el sonido del roce de las ruedas al pasar de la tierra al cemento; atravesamos un puente y sin esperarnos nada de esto, justo a mitad del viaducto vemos en el río de más abajo una manada numerosa de elefantes. ¡No es verdad! ¡No podemos creerlo! No lo habíamos imaginado ni en los mejores sueños. Están a 20 metros nuestro toda una familia; ¡Hay más al otro lado del camino! Ni nos miramos, no queremos perder ripio. Nos quedamos media hora gozando como los paquidermos disfrutan del baño.

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Para que no se haga muy tarde decidimos seguir y los dejamos atrás con pena. Recorremos unos cien metros comentando la jugada y de repente, sin esperarlo, aparece a nuestra izquierda, a escasos 4 metros otra poblada familia. Una de las hembras barrita sin convicción y agita las orejas con un poco más. Agilizamos los pedales no vaya a ser que… Esta vez sí nos miramos y comprendemos que es una situación única en la vida y que seguro que merecerá la pena algo de imprudencia temeraria. Estamos de acuerdo y les esperaríamos, decidimos aguantar a ver que hacían. Cruzan la pista en fila india protegiendo a los más pequeños que se acomodan en el medio del grupo. Seguimos esperando pero colocando las bicis en posición de escape. De pronto la misma hembra de antes, sale del grupo y como buena madre siente que debe proteger y entonces barrita con más fuerza, agita más las orejas y levanta la trompa amenazante. Esta vez sale corriendo a por nosotras. Menos mal que sólo era un amago y que sólo pretendía asustarnos, de lo contrario… Poner en marcha tractores como los nuestros no es fácil y menos asustadas como estábamos, aunque Isa ya estaba bastante más adelantada que yo y gritando ¡¡¡Carmelo correeeee!!!. Por fin bajó la adrenalina y no volvimos más, entendimos lo que nos dijo esa madre, su lenguaje corporal y vocal fue infalible. ¡Pfuff, vaya tarde! ¡Como la gozamos!

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Para completar la información de Burkina Fasso (País de los Hombres Íntegros), nos parece imprescindible rescatar la figura de Thomas Sankara

K.

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3 comments

  1. Thank You por vuestro “Cuaderno de Bitácora” siempre lleno de sorpresas como cuando visteis a los elefantes… África será diferente a partir de ahora. La línea que traza vuestro recorrido más allá de países o fronteras será como una especie de Vía Láctea visible, experimentable, audible, los libros de historia tendrían que cambiar los mapas de Livingstone y trazar el circuito “Cinecicleta” del universo mágico de los fotones de luz sobre el blanco, jugando aleatoriamente, dentro de la retina de los ojos que miran… sorprendidos.

    Bye.

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