CRÓNICA CINECICLÉTICA XVI

.:: MOZAMBIQUE. ¡¡¡¡BOM DIA, BOM DIA, BOM DIA!!!! ::.

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Al menos a mi me ocurre que no sabes definir bien si cuando te quejas demasiado es producto de “las terribles circunstancias en la que está envuelta tu cotidianidad”, o simplemente es por la debilidad propia de tu carácter. Pero la vida siempre te da la oportunidad de reflexionar y aclarar ésta y muchas otras cuestiones. Y digo esto, porque veníamos quejándonos, entre otras cosas, del rugoso asfalto y de los toboganes imposibles de las recién estrenadas carreteras del sur de Tanzania, y también de la poca frecuencia con la que nos encontrábamos algún puestecillo callejero donde aprovisionarnos de comida; algo siempre había, aunque nos quejábamos, sobre todo, de la poca variedad. Pues he aquí que tras cruzar la frontera por Masuguru (cruzando el río Ruvuma), y ya en Mozambique, nos encontramos con que el asfalto sería parte de nuestros anhelos soñados, lo mismo ocurriría con lo que llevarse al estómago, que no pasaría de algo más allá de un paquete de galletas o botellas de ron, que es lo que dispensaban los destartalados y escasísimos puestos en las mínimas aldeas. La realidad nos regalaba la oportunidad de conocer un poco más nuestros propios límites. Por delante teníamos 190 km de pista y como objetivo llegar a la localidad de Mueda donde el camino recuperaba el asfalto. Esta pista estaba llena de trampas, los primeros tramos de arena nos avisaban. Tocaba sufrir y, si no quejarse con razón, al menos, recapacitar y pensar cuando no hacerlo. El mato (como se denomina en portugués a la selva, o el bosque), no era denso, era simplemente impenetrable.

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El sol no apretaba, escocía, los tábanos taladraban nuestra apetecible y delicada piel. Cuando no eran tramos de arena en los que ambas teníamos que empujar una sola bici durante kilómetros enteros, eran tramos empedrados a mala uva, y sino ríos a vadear, y sino tramos de barro en los que nos quedábamos atrapados sin remisión, además de enchocolatados.

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Aparte de los insectos que a miles reclamaban nuestra atención no vimos apenas vida animal y muy poca humana. Por supuesto, nada de circulación. Más tarde nos informamos y supimos el motivo. Y es que esas moscas grandes e insaciables no eran tábanos, sino moscas hematófagas (Tsé tsé) y que causaban de forma endémica en la zona la famosa enfermedad del sueño. Lejos de dejarnos seducir por ese nombre tan romántico, supimos que llevaba a la muerte a la ganadería y a gran parte de la población que por allí habitaba. Soy poco de matar, intento poner en práctica ese hábito con todas las categorías animales, incluyendo mosquitas transmisoras de enfermedades mortales; pero en un momento dado, sintiendo un tremendo aguijonazo, mi instinto actuó como tal, e irrefrenable lanzó un manotazo a la pierna en la que en ese momento se alimentaba de mi fluido más básico una de estas criaturas. La aplasté claro, e Isa y yo nos miramos sorprendidas con la cantidad de sangre que protagonizaba la escena y que incluso nos había salpicado a ambas. Si Tarantino hubiese sido testigo seguro que sonreiría de lado a lado.

Avanzábamos mucho más lentas de lo que queríamos, intentábamos cubrir a diario al menos 50 km, pero ni utilizando todas las horas diurnas, ni todas nuestras ganas, conseguíamos ese objetivo.

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Al llegar la noche (larga larga) nos resguardábamos raudas en esa especie de zona franca que es la tienda de campaña. Entre el silencio en el mato (sólo empañado por los intentos estúpidos de las moscas y demás insectos por entrar a nuestro lugar sagrado) y lo reventadas que estábamos, conseguíamos encadenar hasta diez horas de sueño.

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El quinto día ya supimos donde estaban nuestros límites; aún quedaban unos 50 km para llegar a Mueda cuando vimos una pick.up atestada que iba hacia allá. De nuevo una mirada entre ambas y supimos en qué estábamos de acuerdo. Como pudieron, las/os pasajeras/os nos hicieron un hueco; cuando ya no cabía ni un resquicio libre, aún subieron tres personas más y al menos 5 sacos de carbón que no hicieron confortable precisamente el trayecto. Pero aún así ya nadie nos quitó la sonrisa tonta de la cara que duró hasta Mueda. Habíamos conseguido salir de esa.

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PLANETA MOZAMBIQUE Y SUS DOS MUNDOS

Después de conseguida la independencia del yugo colonial allá por el año 1975, enseguida, el ansia de poder de unos cuantos, y la insensatez de otros tantos, llevó al país a una interminable guerra civil que duró ni más ni menos hasta el año 92, dejando terribles consecuencias para la mayoría de la población y un país dividido entre norte y sur. Aún hasta hace bien poco seguían los combates en el centro del país, que oficialmente terminaron en diciembre del 2016. La huella de toda esta estulticia se hace muy tangible si recorres el país como lo hicimos nosotras de norte a sur.

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Estamos en el hemisferio sur y aquí el sur es el norte y viceversa, con lo que la lógica norte poderoso y sur subyugado (perdón por el maniqueísmo utilizado) se puede comprobar claramente pero al revés. La pobreza más insultante se da en el norte (lo que sería nuestro sur), la gente que puede, come una vez al día y la subsistencia, ya no del día a día, sino del instante, es la norma.

Una noche, paramos a descansar y poner la tienda en un pequeño asentamiento; nos disponíamos a sacar los bártulos para hacernos un arrocito cuando un rapazuelo saliendo del mato de improvisto, nos ofrece para la cena lo que había estado cazando durante todo el día. Eran ratoncillos de campo, que sin despellejar ni nada, los ensartan en unas brochetas, los carbonizan literalmente al fuego, y ¡ala, pa’dentro!. Educadamente declinamos la invitación. Nadie se molestó.

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Supongo que debido a la guerra, cuyos combates se seguían manteniendo en la tierra de nadie del centro del país, las carreteras del norte y centro son lamentables. Durante 300 km vimos y notamos más agujeros (verdaderos cráteres) que asfalto sano; los pocos camiones que circulaban, zigzagueaban inútilmente para esquivarlos. A nosotras nos ocurría lo mismo; en una ocasión casi caemos al abismo oscuro de uno de ellos para no regresar nunca.

El sur es diferente, más desarrollado; vamos encontrando más variedad de comida y de todo. La carretera mejora y pasamos de bosques de los eternos baobab a las plantaciones sin fin de cocoteros. Un océano de palmeras se sucede a lo largo de cientos de km para producir aceite. Ahora, la carretera va pegada al mar y el verde y el azul deslumbran en color y en intensidad.

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Todo el tiempo las/os locales nos comentan con cara de susto; perooooo ¿acampáis en el mato? Sí, respondemos. Y… ¿no tenéis miedo de los animales? No, les decimos, si no hay policía que moleste, todo está bien. Y las serpientes ¿sabéis que hay mambas y cobras muy peligrosas, que incluso saltan y además te escupen el veneno a los ojos? Ahí es cuando nuestra seguridad se volatiliza y nos entra el canguelo, sobre todo cuando hay que salirse de la ruta para hacer las necesidades mayores y exponer el trasero al insondable mato y sus bestias. Nos topamos con muchas pero todas ellas ya cadáveres, aplastadas por el escaso tráfico.

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FIESTÓN

Afortunadamente si que hay una cosa que une a los/as mozambicanos/as; la fiesta está en cada esquina de este gigantesco país. Cualquier razón es buena para celebrar. La idiosincrasia local es ya de por sí desenfadada, alegre y predispuesta y el buen ánimo prevalecen al igual que la música y el alcohol. A cualquier localidad, grande o pequeña a la que llegamos, la música atronadora se adueñaba del ambiente. Allá donde encuentras todo tipo de licores, es imposible hacerse con una botella de agua o algo de arroz para llenar el depósito y seguir adelante. Nos resulta complicado conseguir avituallamiento. Curiosamente es el primer país que visitamos en este viaje donde no podemos encontrar (al menos en el norte más pobre) un lugar junto a la carretera donde las mujeres cocinan arroz o mandioca. Entras a un puestecíllo raquítico y la comunicación con la/el dependienta/e no es fácil, el regetón invade con violencia todas tus células, el cuerpo vibra debido al volumen y necesitas berrear para pedir unas galletas; aún no está hecho, porque quien atiende está curda total. La desinhibición es tan seria que a veces intentan escamotearte el cambio; ya se sabe, las /os blancas/os no lo necesitan. A la gente, a la/os niñas/os les gusta bailar, de eso no hay duda; en cualquier rincón, en las casas, en la calle, se menea el esqueleto con la desenvoltura propia de quien lo hace desde que comienza a caminar. Se lleva con total naturalidad ver a borrachas/os deambular por las calles a las 10 de la mañana. En Occidente, España tiene fama de fiestera, desde todos los lugares del mundo occidental se viene a España para disfrutar de su ambiente fiestero, pero, Mozambique, la gran desconocida en este aspecto, nos gana por goleada, en intención y en número de garitos.

También había algo en común en la mayoría de sus habitantes; cada vez que nos encontrábamos con alguien en la carretera, nos sonreía todo lo que daban de si sus comisuras y como un mantra de buen rollo repetían tres veces, ¡bom día, bom día bom día!, o ¡boa tarde, boa tarde, boa tarde!. Es cierto que esas sonrisas, esos saludos tan espontáneos y sinceros nos han acompañados a lo largo de casi todo el viaje, nos dan un plus de vitalidad y nos sientan de maravilla, pero no sabría explicar porqué, en Mozambique nos sentaban especialmente bien.

Veníamos de Tanzania profunda, y con nuestro precario (siendo muy generosas) swahili, la comunicación había sido pobre, casi nula; pero cuando nada más atravesar la frontera, sintiendo que podíamos entender las conversaciones y además podíamos participar en ellas se nos abrió un mundo. Seguíamos siendo extraños en este planeta, pero un poco menos. El portugués hablado con esta cadencia dulce y tropical nos pareció música celestial y en unos días de práctica, nos soltamos.

BUENOS CONTACTOS, MEJORES PROYECCIONES

Intentaré no cansarme nunca de reconocer, íntima y públicamente la suerte que hemos y estamos teniendo en este viaje. Antes de salir ya fuimos apoyados por mucha gente de muchas maneras diferentes. Y sobre el terreno, el interés y el apoyo a nuestras personas y al proyecto han sido masivo y exquisito. Aunque intentamos agradecer lo más cálidamente que podemos, siempre tengo la sensación de quedarme corta.

Por un lado, están las familias que nos acunan cuando llegamos exhaustas al final del día, son nuestro máximo apoyo. CINECICLETA no habría llegado tan lejos sin la ayuda y el calor de estas humildísimas personas que nos hacen un hueco en sus hogares por una noche. Mil gracias a todas, anónimas pero vitales.

Por otro, están las asociaciones y particulares con las que hemos colaborado a lo largo de Mozambique. Gracias a ellas, pero sobre todo a quienes las integran; estas personas hacen posibles las proyecciones para nosotras soñadas. Podemos llegar a lugares, a pequeñas aldeas, tan remotas y olvidadas donde incluso no tienen ni teléfonos móviles (eso es rarísimo también por aquí) y donde incluso tenemos que explicar, cuando vamos avisando a sus habitantes para la sesión de cine de la noche, no sólo qué es el cine, cuyo concepto desconocen totalmente, sino también, qué es una película. Si hemos logrado que poblaciones enteras disfrutaran y se fascinaran por primera vez delante de una pantalla grande, ha sido en gran parte gracias a estas personas que nos lo han facilitado todo. De nuevo mil gracias por vuestro cariño y vuestro esfuerzo.

1-Amigos de Inharrime (Carlos, Raquel y las hermanas).

2- Dunes de Dovela (Alex y Thomas).

3- Laura Delgado y Maxi, Meritxell y Laura del CISM.

4- Fundación Khanimambo (Alexia y Eric).

5- Luis en la Isla de IBO.

6- CAM (Guido, Chiara y Márica).

7- The Big Hand (David y Marisa).

8- Orfanato (Pemba). No tenemos foto pero no nos olvidaremos de aquella proyección. Gracias Marta.

Mozambique ha sido pródiga en proyecciones realmente maravillosas. Sin trabas burocráticas, con una climatología adecuada y con una audiencia siempre dispuesta; en cualquier lado montábamos el tinglado. Bastaba con avisar a los/as niños/as unas horas antes que habría cine gratis y el lleno estaba asegurado. En la plaza de un barrio, instalábamos la pantalla entre los postes de la luz, o aprovechando el muro, por ejemplo de una escuela.

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Sólo haciendo esto ya generábamos una expectación tal, que la voz se corría rápido. Las/os peques se encargaban de eso. Pero también venían las abuelas, y las madres con sus bebés colgados del pecho, y toda la chavalería, y las/os adolescentes ¿quién iba a pedalear si no? No faltaba nadie. Las/os niñas/os al día siguiente nos pedían más para esa noche, repetir la misma peli, lo que fuese pero volver a proyectar. Pero una de las cosas que más nos emocionó fue el agradecimiento de una abuela que junto a su nieta disfrutaron como nunca de las delicias del cine.

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No sé quien habrá disfrutado más esas noches, veíamos como los ojos se les salían de las órbitas; el público no podía creer lo que tenía delante y sus rostros lo expresaban sin tapujos. Tanta expresividad, era casi más fascinante que la propia película y privilegiadas nosotras lo disfrutábamos desde detrás de la pantalla.

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Luis nos llevó en su velero desde la isla de Ibo, y en la Isla Matemo (archipiélago de las Quirimbas) bajo unos espléndidos cocoteros, con el rumor del preciosérrimo mar de fondo y con una luna llena tan pletórica que difuminaba un poco la magia iluminando demasiado hicimos una proyección inolvidable.

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Habíamos llegado lo más al sur del continente que nos habíamos propuesto, y ahora tocaba dar el salto (otra vez en un dichoso avión) a esa especial y particularísima isla que es Madagascar.

Pero, eso ya es otra historia.

K

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4 comments

    1. Hola quería Rosi!!!!!
      Me alegro mucho de que estés leyendo las crónicas, también me alegro que te gusten y que estés viajando un poco con nosotras.
      Tengo muchas ganas de verte y de que me cuentes cómo va tu vida. Vendrás a España (nos volvemos en septiembre) o tendremos que ir a visitarte a Melbourne?
      Miles de besos y abrazos
      K

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  1. No puedo casi terminarlo de leer, esas caras me han emocionado de una manera brutal, no imagino cómo estaríais vosotros. De verdad enhorabuena!!! Imposible olvidar todo esto en el resto de vuestra vida.

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  2. Para la miríada de estrellas y planetas sonoros e insonoros de la Vía Láctea, la Luna de Mozambique proyecta “Cinecicleta XXI, Una Odisea Especial” por el continente africano a la galaxia. Si un ser estelar contemplara la acción, ¿Qué le impediría bajar a mirar?

    Thanks.

    Bye.

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